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Mötley Crüe revivió el glam-metal de los ochenta y lo conjugó con la tecnología del Siglo XXI en la Arena Ciudad de México

Mötley Crüe revivió el glam-metal de los ochenta y lo conjugó con la tecnología del Siglo XXI en la Arena Ciudad de México

Por Ileana Palacios

La banda californiana precursora del estilo glam de los años ochenta, que impuso un estilo de vida y dio al rock una categoría renovada de buena música combinada con los excesos del alcohol, las drogas y el sexo, determinada por leyendas como Rolling Stones o Led Zeppelin, ofreció con pirotecnia, video, sonido, efectos y tecnología de punta, en la parada de su Final Tour en la Arena Ciudad de México, la noche de este jueves 10 de septiembre de 2015, uno de los mejores conciertos en décadas.

Ante unos 20 mil seguidores, de siempre y muchos chavos, Mötley Crüe se presentó con una de sus creaciones emblemáticas: “Girl, Gils, Girls”. El sonido de las motocicletas y las guitarras se fundieron, una vez más, para dar inicio a un concierto que, de principio a fin, significara la comunión de 34 años entre la banda y sus seguidores mexicanos.
Mucho se dijo en todo ese tiempo que era una banda “racista”, que desdeñaba a “especies” inferiores, pero más allá de conjeturas, filias y fobias, Mötley Crüe trajo a la Arena Ciudad de México uno de los espectáculos más impresionantes en la historia del rock importado. “Si Kiss se descuida le gana el negocio”, dijo uno de los especialistas, en corto, a estas páginas.
Luces, pirotecnia, videos, efectos especiales y manejo de cámaras no fueron suficiente. Esta vez los músicos se desplazaron en el espacio, y no es una metáfora, literalmente volaron sobre el público de “cancha” (planta baja) y se proyectaron físicamente ante el graderío de los pisos de arriba mediante grúas mecánicas que los puso más cerca de la gente y, ahí, suspendidos en el espacio, dieron vueltas (“controladas por la Nasa, dijo un compañero de la prensa”).
Hace tres años (2012), en el concierto que ofrecieron en el Foro Sol, en el que abrieron a Kiss, ya habían dado muestras de grandes avances tecnológicos en su propuesta, pero lo que presentaron la noche de este jueves 10 de septiembre en la Arena Ciudad de México, simplemente no tiene nombre.
Calificarlo sería subjetivo, por ello trataremos de describirlo:
La banda había llegado al medio tiempo interpretando lo mejor de su repertorio, requería un descanso. Las notas, acordes y arreglos de Carmina Burana llenaron la Arena Ciudad de México.
Entonces una batería subió, se desplazó por una estructura metálica y llegó a latitudes que difícilmente alguien vuelva a alcanzar. Por supuesto que la tecnología es grandiosa, pero siempre estuvo sujeta a la propuesta musical.
Era el mejor circo, pero era aún mejor la entrega, la propuesta y la verdad de Mötley Crue.
“Wild side”, “Primal Scream”, “Same or Situation”, otras más, “Anarchy in the UK” y “Dr. Feelgood”, son materiales que se deben analizar, porque simplemente nos llevaron al éxtasis incluso a quienes en algún momento fuimos muy críticos de la banda saltamos como hace más de 30 años lo hicimos, o por lo menos lo intentamos.
Junto a quien esto escribe se encontraban un par de chicos que no llegaban a los 30, que corearon todas las rolas, bebían cerveza en vasos conmemorativos, entrelazaban sus manos, se abrazaban, se besaban en la mejilla y no terminaban de agradecerse, el uno al otro, por estar ahí.
Detecté lágrimas en los ojos de uno de ellos, quizá el mayor de los dos, luego me percaté que ambos lloraban. Les extendí mi puño cerrado y dije “No sé qué estarían haciendo si los hubieran conocido desde los ochenta”. Llorar, no es cuestión de años, es lamentar el adiós de esta banda, expresaron. No podemos entender ¿por qué se van?, cuando son capaces de hacer esto.
Más tarde, ya sin lágrimas, nos volvimos a encontrar, había resignación, mil preguntas, y no tardaron en cuestionar: ¿Es en verdad su despedida?
Sí, una banda como esta no juega, provócala para que se quede, les dije. En verdad aún no tengo respuesta.
Mötley Crüe salió de pie en un recorrido por la “cancha” de la Arena Ciudad de México. Fue un concierto incluso con sentimiento. Y eso no lo dije yo, lo comentó otro especialista, un poco más emocionado, pero a quien tuve que abrazar y contener mis lágrimas.
Quisiera que fuera una despedida temporal porque en verdad me dolieron, estos cabrones han sido parte de mi vida. Lo demás se dirimió en una taberna neutral. Fue jueves para amanecer lunes.