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Propone diputado Belaunzarán despenalizar y regular eutanasia activa, para evitar sufrimiento

Ciudad de México. Bajo el principio de que la libertad e igualdad son Derechos Humanos fundamentales que un Estado laico como el mexicano debe garantizar y con el objetivo de que los enfermos terminales puedan decidir soberanamente si prolongan o no su agonía ante sufrimientos insoportables, el diputado Fernando Belaunzarán Méndez propuso despenalizar y regular la eutanasia activa.

Mediante una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal, el legislador perredista recordó que desde 2009 está regulada la Eutanasia Pasiva bajo el nombre de “Cuidados Paliativos”, aunque el mismo ordenamiento se contradice al penalizar la eutanasia, como tal y en general, bajo el nombre de “homicidio por piedad”.

De cualquier modo, esa reforma de 2009 reconoce prácticas propias de la “eutanasia pasiva”, consistente ésta en la decisión libre y soberana del enfermo desahuciados a suspender o evitar tratamientos curativos ya innecesarios.

Para Belaunzarán Méndez, este mismo principio de libertad de decisión debe ser reconocido ahora por el Estado Mexicano a la persona en fase terminal que quiera ponerse en manos de un profesional médico para poner fin a su vida en condiciones dignas precisamente  porque ya cualquier procedimiento curativo es inútil y porque el vivir le es ya tan doloroso que sólo le produce sufrimiento insoportable.

“Tengo la convicción de que cada persona es dueña de su propio cuerpo y de su propia vida; que todos los seres humanos tenemos derecho a vivir con dignidad y que, como personas conscientes, tenemos el derecho a asumir plenamente la responsabilidad de nuestra existencia y decidir en libertad sobre ella. En situaciones límite por padecimientos incurables en etapa terminal, cuando el dolor y el sufrimiento físico y sicológico son ingentes, una opción humanitaria es poder elegir entre seguir viviendo en esas condiciones o bien, poner fin a ese sufrimiento junto con la vida”, señaló.

Expresó sus respetos a las libertades y creencias de otros ciudadanos, creyentes o no de algún culto religioso -“aunque nadie se atreva a justificar públicamente el sufrimiento y la tortura hacia los seres humanos”-,  para quienes la eutanasia es un homicidio, pero, bajo el principio de la igualdad, demandó el mismo respeto a otras creencias y a la libertad de cada persona a decidir, sobre todo cuando se encuentre en una situación como la descrita.

Para el licenciado en Filosofía por la UNAM, el Estado Mexicano debe garantizar los Derechos Humanos de todos –incluido el de la libertad de creencia-, apegarse a su carácter laico estipulado en la Constitución, garantizar aquella libertad de decisión, no someterse a determinada moral o visión religiosa y tratar a todos sus ciudadanos, bajo el principio de la igualdad, sin discriminación alguna.

Así, la eutanasia activa se convierte en una opción para el enfermo terminal, quien según sus creencias podrá decidir libremente prolongar o no su agonía.

En la argumentación de su iniciativa, Belaunzarán Méndez citó diversos artículos de la Constitución, experiencias en otros países, y convenios y tratados internacionales signados por el Estado Mexicano.

Así, por ejemplo, el artículo primero garantiza el goce de los Derechos Humanos a quienes vivan o transiten en el país; el 40 expresa la voluntad del pueblo mexicano de constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal; el 24 reconoce el derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y el 130 asume la separación del Estado y las iglesias, y sujeta a éstas a la ley.

Con base en la Carta Magna, apuntó que en un Estado laico debe caber la opción de padecer la dolorosa enfermedad hasta un final prolongado o terminar con la propia vida para acabar con un sufrimiento sin esperanza.

“Lo fundamental es que nuestras leyes no estén impregnadas de un sesgo que privilegie a ciertas creencias religiosas y con ello se someta a otra parte importante de la sociedad, a los que no compartimos esa forma de entender la vida porque tenemos nuestras propias convicciones éticas”, puntualizó.

Sin embargo, la prohibición y la penalización de la eutanasia activa contravienen los citados artículos constitucionales.

“Es complicado pensar en una decisión más difícil que terminar con la vida propia. No puede haber algo más íntimo y entrañable. Pero nuestra libertad debe llegar hasta ahí, hasta la frontera, hasta el límite de decir “ya no más”. En lugar de escamotear ese derecho, el Estado debe tomar la actitud humanitaria de facilitarlo para aquéllos que prefieran “bien morir” y no obligarlos a atestiguar y padecer lo que ellos consideran la degradación progresiva e irremediable de su dignidad. En lo personal, no creo en “la voluntad de Dios” y mucho menos que ésta pueda ser llevar a alguien a sufrir hasta su último aliento”, concluyó.