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Santana pide paz para México en concierto Guadalupano al pie del Ángel de la Independencia

Santana pide paz para México en concierto Guadalupano al pie del Ángel de la Independencia

Ricardo Palacios @mexicoenlared

El orgullo de Autlán, Jalisco, Carlos Santana, se encontró con sus seguidores la noche de este sábado 28 de marzo en el Ángel de la Independencia, en el concierto gratuito que organizó el gobierno CDMX, y que el guitarrista dedicó a “la patrona”: la Virgen de Guadalupe.

Desde las 11 de la mañana empezaron a llegar los que querían estar hasta adelante -para ver primero que todos-, pero sólo unos 200 fueron los privilegiados que accedieron a una especie de zona “VIP popular”. Tuvieron que esperar ahí nueve horas a que empezara el concierto y soportar estoicamente tres verdaderas tormentas que cayeron sin piedad sobre la ciudad de México en una tarde de primavera invernal, que por la noche se tornó un tanto gélida, pero lo lograron: estaban “face to face” ante Carlos Santana, ni más ni menos.

 

SANTANA 2

 

A las 19:50, sin una gota de lluvia, las pantallas gigantes -tres en el escenario y otras dos instaladas sobre Paseo de la Reforma- empezaron a transmitir imágenes del festival de Woodstook (1969) y los acordes de “Soul Sacrifice” fueron el preámbulo para que Santana y su gran banda se incorporaran al escenario, “se encimaran” en el audio del video y en un ensamble perfecto dieran por comenzado un concierto de dos horas en las que los asistentes disfrutaron y se entregaron a uno de los más grandes guitarreros de por lo menos los últimos 40 años.

Toussaint L´Overture”, “Give it up or turnit a loose” y “People are you ready” pusieron a brincar y a bailar a unos 80 mil asistentes –según estimaron las autoridades de la CDMX– en el concreto asfáltico que va del Monumento a la Independencia a la glorieta de La Palma, incluidas las jardineras que dividen los carriles centrales de la lateral de Reforma, las cuales “quedaron para llorar”, comentó una de las chicas de la policía que reguardaba la zona, mientras una reportera se lamentaba que no había cargado su cámara de manera suficiente y no pudo hacerse una “selfie” en el letrero luminoso con el logo psicodélico de Santana, que apareció por única vez y luego despareció.

Alguien del público le reclamó al músico que se había olvidado de México y del español, a lo que Santana respondió de inmediato: “No mames guey”. La mayoría no tenía idea por qué lo había dicho, pero de cualquier forma lo vitorearon. Cabe destacar que se escuchó una pronunciación con mucho menos acento gringo del que el jalisciense tenía hace 20, e incluso 10 años. ¿Ahora resulta que se mexicanizó?

Pero la noche fresca se calentaba con los ritmos afrolatinos que Santana ha desarrollado desde finales de los años sesenta, que además de tener ese estilo clásico poseen un sonido vanguardista que interpretan dos bateristas, dos percusionistas, dos tecladistas, dos vocalistas, dos ejecutantes de metales (trompeta y trombón), un bajista de primerísima y otro guitarrero, de la misma talla. Una banda que no tiene desperdicio, que suena exactamente como lo hubiera querido el maestro de “Whiplash”, pero que lo hace con esa exactitud más el sentimiento que imprime el maestro de Autlán.

Se acercó al micrófono y presentó a su “esposa” Cindy Blackman Santana –una de las batacas-, azuzó al público para que pidieran “beso, beso, beso”. Se aproximó a su “reina” y le dio uno, dos, tres, quizá cuatro besos de “trompita”. Así dejó establecido quién manda en casa.

Luego, por si lo visto era insuficiente, bajo y batería se adueñaron del escenario y de buena parte del Paseo de la Reforma. Llegó el momento de Cindy, una batería potente y bien ejecutada, pero de no ser la “esposa de Santana” nunca habría tenido esos seis minutos de gloria. Y como dicen los clásicos: “Todo exceso es mucho”, pero en fin, es el “amor” de Carlos y al maese todo se le permitió la noche de este sábado.

“Queremos invitar a mi hermano con quien comenzamos la banda en 1867, cuando se inventó la electricidad”, dijo Santana al presentar a Gregg Rolie, quien tocó el teclado de “Black Magic Woman”, como lo hizo en, en realidad, en 1967, rola que impulsó a Carlos Santana a latitudes que ni su maestro Javier Bátiz hubiera siquiera imaginado.

Entre las rolas que más se esperaban estuvieron, por supuesto “Oye como va” y “Corazón espinado”, de esta última hizo una versión en la que ofreció un homenaje a clásicas de la música tropical mexicana, incluida la Sonora Santanera.

Luego presentó “una canción que no hemos grabado pero que todos ustedes conocen y queremos que la canten con nosotros”. Los metales sonaron y todos bailaron. Se trataba de una versión de “Tequila”, que en al final le puso el toque de “La Cucaracha”.

Santana se reencontró con su público mexicano en esta gira denominada “Corazon Tour”, sí, sin acento, en la que visitó nuestro país al presentarse en Monterrey, Guadalajara y en la Cumbre Tajín, Veracruz, pero sin temor a equivocación, la del Ángel de la Independencia, será la presentación que Carlos Santana se llevará en su corazón y ni qué decir de los que estuvieron ahí y no escucharon “Samba pa ti”, pero se llevaron en sus oídos Jingo, Europa, y otras más. Lo demás, es lo de menos. En verdad, un concierto en todo lo que vale.