Una postal conectó a Tombuctú con el mundo y se hizo negocio

Una postal conectó a Tombuctú con el mundo y se hizo negocio

Bamako, Mali. Fue una postal proveniente de Estados Unidos que llegó inesperadamente a Bamako lo que hizo que Phil diese con una idea tan simple como genial para que los guías turísticos de Tombuctú, que se han quedado sin trabajo, ganasen algo de dinero extra.

Perdieron el trabajo a causa de las graves dificultades que la ciudad del norte de Mali no consigue superar años después de que acabase la guerra.

Con raíces italianas y nacido en Cleveland, Phil Paoletta, de 31 años, decidió, después de graduarse en filosofía, viajar a lo largo y ancho de África Occidental hasta que echó raíces en Mali. Aquí, en la capital, Bamako, abrió y gestiona con éxito el Sleeping Camel, un pequeño pero muy popular hotel con restaurante incluido.

A principios de 2016 Phil apenas podía creer que realmente tenía en las manos una postal procedente de Estados Unidos. No podía creer que el servicio de correos de Mali, que desde luego no es conocido por su fiabilidad, hubiese conseguido entregársela.

Ese mismo día Phil quedó para tomar un té con Ali Nialy, un conocido y ex guía turístico de Tombuctú, la ciudad maliense a las puertas del Sáhara también conocida como “la ciudad de los 333 santos” o “la ciudad misteriosa“.

Pero Phil estaba distraído, no podía dejar de pensar en la postal que le había enviado un viejo amigo.

“Ali -explica Phil- necesitaba ayuda. Yo estaba convencido de que había algún tipo de conexión entre sus problemas y la sorprendente llegada de la postal”.

“Así es cómo creamos www.postcardsfromtimbuktu.com, un sitio web a través del cual por un precio de 10 dólares puedes pedir una postal de Tombuctú y hacer que la reciban en cualquier parte del mundo. Es muy sencillo: eliges una de las varias postales disponibles y escribes el texto que quieres. Del resto nos ocupamos nosotros”, explica.

Al finalizar estos pasos el pedido llega al teléfono inteligente de Phil, que a su vez se lo envía por WhatsApp a Ali, que vive en Tombuctú.

“Se trata de procesos digitales -continúa Phil- que después pasan de boca en boca y de mano en mano, que se convierten en algo físico. Cuando la petición llega a Ali, en Tombuctú, él y sus colaboradores hacen que la postal llegue hasta Bamako”.

Las dos ciudades están separadas por unos mil kilómetros, y actualmente la única manera de que las postales (igual que las personas) viajen es a bordo de los aviones de la ONU. A continuación, las postales se transfieren a un avión que va directo a París, y desde allí las envían a sus destinos finales”, añade.

Cuenta que “a los carteros les parece mentira volver a trabajar con postales. Pueden surgir mil complicaciones. A menudo se acaban los sellos, mientras que los tiempos son casi bíblicos, se necesitan varios meses, pero hasta ahora las postales siempre han llegado a su destino”.

“Hasta la fecha hemos enviado unas 300 postales a todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Australia pasando por Europa. Así la gente puede entender que Tombuctú no es en realidad un lugar tan lejano o legendario como se dice, y que sus habitantes no tienen ninguna intención de quedarse aislados”, señala.

Tras aliarse con el grupo Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), en 2102 los tuaregs, uno de los mayores grupos étnicos del norte de Mali, se rebelaron contra el gobierno central declarando la independencia de un extenso territorio que incluía las regiones de Tombuctú, Gao y Kidal.

Fue principalmente gracias a la intervención militar francesa que en 2013 las zonas ocupadas fueron liberadas.

A pesar del estancamiento de los acuerdos de paz firmados en Argel en 2015, la militarización del norte -con la presencia masiva de Misión Multidimensional Integrada de las Naciones Unidas para la Estabilización en Mali (Minusma) y de las tropas francesas- y el ausentismo del Estado han contribuido a exacerbar los conflictos interétnicos, en algunos casos ancestrales.

Durante la presencia yihadista en Tombuctú, que duró nueve meses, no fueron sólo los habitantes lo que sufrieron violencia de todo tipo -incluyendo la amputación de manos y pies y la lapidación en la plaza pública- sino también el rico patrimonio cultural local, protegido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Es mérito de los ciudadanos de Tombuctú que el año pasado las tumbas de los santos sufíes se restaurasen y que los famosos manuscritos que contienen conocimientos milenarios hayan vuelto a la ciudad después de haber sido rescatados de la amenaza de los extremistas.

“Como podéis imaginar -concluye Phil-, desde 2012 todas las actividades relacionadas con el turismo están bloqueadas. Aquí en Bamako mis clientes son casi todos funcionarios de las Naciones Unidas o de organizaciones no gubernamentales. Imaginaos en el área de Tombuctú, zonas donde ya antes los secuestros no eran algo raro”.

“En esa zona todo el mundo, y especialmente los que vivían del turismo, están con el agua al cuello. La mitad de los ingresos de la venta de las postales de Postcards from Timbuktu está destinada a Ali y sus colaboradores”, afirma.

Enfatiza por último que “ciertamente no es la solución a los problemas, pero se puede ver como un pequeño paso hacia el retorno a la normalidad de una de las ciudades más ricas en materia de cultura de toda África”.