Contrapunto: La estrategia equivocada de la 4T

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 @TuFantasma

 

La narrativa de la derecha mexicana, alimentada por la ultraderecha global, ha renunciado a cualquier vínculo con la realidad. Financiada por oligarcas locales y amparada en el negacionismo, aplaude excitada el intervencionismo yanqui, ávida de que le regresen los privilegios perdidos. .

El retorno de Donald Trump a la ofensiva electoral ha desatado una demencial e hipócrita campaña que reutiliza la supuesta lucha antidrogas como pretexto de dominación imperialista en toda América Latina, con énfasis en derrocar a los gobiernos progresistas del continente: Cuba, México, Colombia y Brasil.

Sus constantes amenazas de intervención militar unilateral con drones o tropas en territorio nacional no son un dislate de campaña; son una agresión frontal cotidiana orquestada en México por el embajador de Estados Unidos en nuestro país, Ronald Johnson.

Sin embargo, el peligro se aviva más cuando la Cuarta Transformación insiste en ignorar que el talón de Aquiles que abre las puertas a esta ofensiva neofascista es su propia soberbia y la debilidad de su estrategia anticorrupción y de seguridad.

La campaña sobre el “narcoestado” emprendida por la oposición es el brazo articulador que el trumpismo necesita para consolidar su objetivo. Sigue el manual para destituir liderazgos progresistas en Sudamérica, buscando minar la confianza del electorado.

Ante esto, el reciente llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum en el Monumento a la Revolución y la carta de respaldo del expresidente Andrés Manuel López Obrador exigen un cierre de filas real histórico, una organización permanente y una campaña en todos los rincones del país de profundo rechazo al despotismo estadounidense.

El patriotismo en abstracto no es suficiente si un gobierno subestima la realidad en el territorio. El triunfalismo de las encuestas denota una visión limitada y cortoplacista.

Hay un creciente enojo, hay fallas en los tres niveles de gobierno y un temor real y fundado en comunidades desgarradas por el crimen organizado.

Casos como el control criminal en Guerrero bajo el yugo de “Los Ardillos”, o el azote persistente del robo de combustible que desangra al país, no son hechos soslayables.

Tampoco lo son las crisis de narco-bloqueos o el descontrol en municipios tras los asesinatos de alcaldes, defensores ambientales, periodistas y activistas sociales.

Responder constantemente a la defensiva, minimizando los hechos bajo el argumento de que todo se pacifica en 48 horas y exhibiendo frías estadísticas de reducción de delitos y homicidios, constituye en muchas partes un insulto a la inteligencia de los gobernados. El dolor humano no se mitiga con matemáticas oficiales.

Para cerrar la puerta al intervencionismo de Trump y su banda: los Rubio, los Milei, los Ayusos, o Vox, la 4T debe dar un giro radical e instrumentar acciones de enmienda urgentes.

En primer lugar, es indispensable iniciar una depuración rigurosa al interior de Morena. El oficialismo no puede seguir pactando alianzas pragmáticas con caciques e impresentables locales que traicionan los principios del movimiento en sus regiones.

En segundo lugar, se debe transparentar la política de seguridad con información detallada. En el caso del huachicol fiscal, por ejemplo, tiene que informarse con precisión matemática y sin rodeos quiénes siguen robando y dónde, desmantelando las redes de complicidad que aún operan en el Estado.

Es necesaria también la continuación y profundización a la reforma de justicia. Democratizar la procuración: policías, ministerios públicos, jueces calificadores y juzgados cívicos.

Tiene que haber una reunión con legisladores, gobernadores, presidentes municipales y autoridades electas por usos y costumbres, porque buena parte de la estrategia de la ultraderecha consiste en fragmentar al país, dividiendo estados y municipios.

A la 4T le ha temblado la mano para aplicar un castigo ejemplar en casa. Sus defensores deben reconocer una contradicción flagrante: el oficialismo ha sido flamígero para denunciar la corrupción del pasado, pero misericordioso y franciscano cuando la podredumbre asoma en sus propias filas.

Es necesario instrumentar una comunicación no solo reactiva, sino también comunitaria, permanente, como lo propuso la propia presidenta Sheinbaum en la celebración de la conmemoración de su triunfo.

Al solapar la impunidad interna y maquillar la crisis, la transformación alimenta la debilidad que la ultraderecha aprovecha afuera.

Defender la patria exige rectificar el rumbo, reconocer los errores y aceitar con honestidad la maquinaria que los hizo triunfar.

Si la movilización popular se debilita por el desencanto, el destino de México caerá en un periodo aún más brutal y oscuro que el neoliberalismo padecido por 40 años. No hay espacio para la autocomplacencia, el tiempo se ha agotado. Es ahora o nunca.

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