Contrapunto: IA: La Tiranía invisible

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Cuando una entidad externa comprende tus resortes mentales y emocionales mejor que tú mismo, la libertad individual y la autonomía personal quedan seriamente comprometidas frente a los oscuros intereses comerciales o políticos.

Ya no se trata de una lejana película de ciencia ficción. Es el presente implacable y cotidiano de un algoritmo voraz que vigila, procesa y anticipa de manera constante cada uno de tus latidos y decisiones.

La inteligencia artificial dejó de ser una simple herramienta de consulta para convertirse en el arquitecto silencioso de la conciencia humana, un sistema automatizado capaz de decidir en absoluto secreto qué compras, qué miras, qué haces, qué piensas del mundo y por quién votas en las urnas.

Te arrebata por completo el timón de tu propia existencia sin que siquiera notes cómo te manipulan, paso a paso, en tu día a día.

La contundente advertencia lanzada por el senador demócrata estadounidense, Bernie Sanders, sacude profundamente las conciencias al exponer una verdad que incomoda al poder.

La ambición desmedida de una élite corporativa jamás puede estar por encima del desarrollo, el bienestar y la supervivencia de la humanidad.

Hoy, una oligarquía tecnológica dominada exclusivamente por el afán de lucro desmedido, controla la voluntad ciudadana y opera sin el menor escrúpulo moral, al grado de que ya existen corporaciones de alta tecnología prestándose directamente para los intereses de la guerra.

Como señala con profunda y valiente claridad la reciente encíclica social “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV, el peligro actual es mayúsculo porque la gente pretende resolver todo con la máquina, delegando el juicio crítico, los valores y la esencia misma de lo humano en fríos sistemas artificiales.

Pero ojo, porque el engendro no es la herramienta tecnológica en sí misma, sino los intereses perversos de quienes ordenan su elaboración, desarrollo y los fines estrictamente económicos, de control y manipulación para los que la emplean.

La respuesta furiosa, descalificadora y desesperada de Donald Trump, principal aliado y protector político de los barones tecnológicos frente al histórico llamado papal, desnuda el enorme temor de un sistema económico que siente que puede perder el control ideológico absoluto de las masas.

Los dueños de este gigantesco negocio van únicamente por el dinero y la acumulación de poder, sin la menor consideración ética ni humanitaria, convirtiendo de facto a la tecnología en el peor enemigo del desarrollo integral de las personas y, por lo tanto, de la humanidad.

Es verdaderamente alarmante constatar que el 95% de las personas aceptan de forma ciega las condiciones de navegación de los sitios web y las aplicaciones móviles sin leer ni conocer en absoluto las reglas, los riesgos reales ni el destino último de su información personal.

Ante este panorama profundamente desolador, urge una legislación internacional que delimite de manera estricta y rigurosa el uso, manejo y las atribuciones de la inteligencia artificial.

Es completamente inaplazable exigir una transparencia total en los algoritmos, prohibir de manera tajante la venta indiscriminada de bases de datos y garantizar el conocimiento plenamente informado de las audiencias en todo momento.

De no regular con urgencia y firmeza el uso de los aparatos ideológicos más sofisticados y peligrosos de toda la historia moderna, el colapso definitivo de la democracia, de la dignidad ciudadana y del sagrado derecho al libre albedrío será absolutamente irremediable para las próximas generaciones.

Soy Alejandro Zúñiga Olmos. Hasta el próximo Contrapunto

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