Regresa el amasiato del PRIAN

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Hay vínculos que desafían cualquier lógica de supervivencia emocional: una forma de codependencia destructiva donde el miedo a la disolución es superado únicamente por la ambición, la recuperación de privilegios y la tendencia a la autodestrucción.

Es una relación tóxica donde se ven atrapadas dos entelequias políticas que se detestan profundamente, pero se saben incapaces de existir la una sin la otra, porque en el fondo son idénticas y se conocen todos sus secretos, exabruptos y perversiones.

Me refiero al regreso del amasiato del PRI con el PAN: el PRIAN, el cual se confirmó la semana pasada con la visita del expresidente panista Vicente Fox, mejor conocido como “el alto vacío” —por su patética ignorancia y superficialidad— con el inefable dirigente de lo que queda del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, alias “Alito”.

Dos personajes igual de ambiciosos, ególatras, cartuchos quemados de la política mexicana por sus comprobados actos de corrupción y su impopularidad generalizada.

Un cuarto de siglo atrás, el marketing oligárquico vendió la entelequia del ranchero audaz para convertir a un exejecutivo de una refresquera multinacional global cuya verdadera especialidad nunca fue la creatividad, sino el despilfarro del erario, la ocurrencia, el envenenamiento sistemático de la salud pública y el desmantelamiento de la nación.

El arribo de “el alto vacío” a Los Pinos no significó, como él lo prometió, una alternancia democrática, sino una traición a la democracia, una operación cínica para permitir la sobrevivencia del régimen neoliberal, donde el PRI y el PAN tejieron complicidades como el Fobaproa, la alianza con el narcotráfico y la defensa de los fraudes electorales, operando como dos franquicias del mismo corporativismo rapaz que quiso privatizar hasta la dignidad de los mexicanos.

Se reunieron en el búnker majestuoso de Insurgentes —un inmueble cargado de traiciones, secretos espurios y ambiciones cupulares— buscando desesperadamente un salvavidas electoral ante la inminente extinción de sus despojos.

Carentes de una ideología, pero guiados por su temor a desaparecer y hermanados por la codicia, lanzaron discursos delirantes donde comparan su patética unidad con la alianza para enfrentar al fascismo alemán del siglo pasado.

Son el reflejo marchito de un pensamiento tutelado por las televisoras y los poderes fácticos, a los que jamás les importó la nación y mucho menos el significado de la soberanía nacional. La derecha solo sabe de componendas, riquezas y gastos fastuosos.

En medio de sus desplantes mediáticos más estrafalarios, estos especímenes no ocultan su genuina vocación servil antipatriótica, exhibiendo su incondicionalidad vergonzosa a los caprichos del dictador anaranjado del norte.

Siempre dispuestos a entregar la soberanía a cambio de migajas imperiales y exponiéndose al maltrato del invasor.

Existen amasiatos motivados por oscuros intereses: por taras psicológicas o perversiones íntimas inconfesables, como las del PRIAN, para volver a saquear al país. Eso hicieron por casi un siglo y ya se reportan listos para volver a deshonrar a los mexicanos sin ningún pudor.

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