La comunidad internacional se encuentra fracturada tras la ejecución de la “Operación Brillante” por parte de fuerzas especiales de Estados Unidos. Mientras en las calles de Florida se celebra, en las capitales de las principales potencias euroasiáticas el tono es de máxima alerta y condena.
Rusia y China, los principales aliados estratégicos y financieros del chavismo, han calificado la acción como un atentado directo contra el orden mundial establecido.
Desde el Kremlin, la respuesta ha sido tajante. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia emitió un comunicado oficial apenas horas después de que se confirmara la captura de Maduro y Cilia Flores.
Moscú sostiene que la extracción de un jefe de Estado en ejercicio es un “acto criminal” que viola todas las convenciones diplomáticas de Ginebra y Viena.
Rusia ha puesto en alerta a sus unidades en el Caribe y ha calificado la operación como una “agresión armada no provocada”.
El portavoz Dmitri Peskov afirmó que “Estados Unidos ha abandonado definitivamente la diplomacia por el uso de la fuerza bruta, convirtiéndose en un peligro para cualquier nación soberana que no se pliegue a sus intereses“.
China, con una postura más contenida pero igualmente severa, ha centrado su discurso en la defensa de la Carta de las Naciones Unidas.
El portavoz del Ministerio de Exteriores chino declaró que “el destino de Venezuela debe ser decidido por los venezolanos y no mediante la intervención externa“.
China ha solicitado formalmente una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad para frenar lo que denominan “la vuelta a la ley de la selva en las relaciones internacionales“.