Contrapunto: La falsa guerra contra el narco de EU

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​La condena a cadena perpetua contra “El Mayo” Zambada no es justicia: es la prueba reina del cinismo imperial.

Su secuestro en suelo mexicano por el FBI violó la soberanía nacional solo para colgarle a Washington una medalla política, sin importar que desatara una sangrienta ola de violencia que sigue desgastando a Sinaloa.

Detrás del show mediático opera la misma vieja receta del imperialismo.

Estados Unidos encumbra, fortalece, impone, protege, utiliza y termina con los capos según sus intereses.

Ocurrió en Colombia con Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela; en Bolivia con Roberto Suárez Gómez; con capos abatidos en Venezuela, y en México con Félix Gallardo, Amado Carrillo o los Arellano Félix; al final, tras asesinarlos, dictarles cadena perpetua o dejarlos caer cuando ya no le sirven, simplemente los desecha.

Es el negocio perfecto para la falaz democracia gringa. Y todavía a “El Mayo” pretenden decomisarle 15 mil millones de dólares para financiar las arcas del Tesoro estadounidense. El imperio nunca pierde.

Mientras tanto, en su propio territorio operan más de 33 mil “pandillas” que, sin jamás ser catalogadas como terroristas, distribuyen la droga en calles, escuelas, antros y casas, es decir, envenan a su población y lavan impunemente billones de dólares en el sistema financiero de Estados Unidos sin que nadie las toque.

A la par, Donald Trump utiliza la ley como garrote geopolítico para revivir la vieja Doctrina Monroe, hoy convertida en “Doctrina Donrue”: América para los estadounidenses.

Catalogar fuera de Estados Unidos al narco como terrorismo y a las drogas como armas de destrucción masiva no es salud pública: es la excusa perfecta para pisotear la autonomía e intervenir militarmente donde quieran.

Pero la farsa requiere un gancho cultural. La narrativa del dinero fácil seduce a la juventud, metiéndoles en la cabeza la falacia de que son desechables y que vale la pena una vida corta, pero dizque intensa, vendiéndoles una opulencia tan desmedida como efímera.

Ahí es donde entran los mass media como aparato ideológicos. Con la proliferación de narcoseries en la televisión, las redes sociales y las plataformas de streaming, donde pintan a los capos viviendo como mirreyes —entre lujos, joyas, excesos, autos de lujo y mujeres—, los medios romantizan al criminal y lo convierten en un modelo a seguir.

Lo más grave es que los gobiernos no hacen nada para impedir la difusión y proliferacion de esos contenidos idiotizantes.

Los grandes medios de comunicación son cómplices de esta alienación al glorificar la violencia y la opulencia, garantizan que miles de chavos sigan anhelando un estilo de vida ficticio que solo deja cárcel o muerte.

En esta trágica comedia, la regla es clara y brutal: América Latina pone a los muertos, mientras Estados Unidos impone la estrategia y se queda con las ganancias totales.

Con la televisión, las redes y el streaming pavimentando el camino ideológico, el imperio administra el caos y cobra los dividendos a costa de la soberanía de América Latina.

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