El cambio climático en el “Día de los Monumentos”

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Por: Carlos Ruiz de Chávez y Mercedes Diez*

Apenas en agosto del año pasado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reportó una grave pérdida del patrimonio cultural nacional: el derrumbe de una de las pirámides más importantes de la zona arqueológica de Ihuatzio, Michoacán. Una tragedia, porque es una pieza clave para conocer la historia del imperio Purépecha.

Según reportó el INAH, se debió a las intensas lluvias registradas por encima de la media prevista y, además, por las altas temperaturas que previamente ocasionaron una sequía y las grietas que favorecieron la filtración del agua al interior del edificio prehispánico.

De acuerdo al informe de 2022 de Naciones Unidas, uno de cada tres sitios naturales y uno de cada seis sitios del patrimonio cultural están actualmente bajo peligro por eventos del cambio climático.

Sólo en la zona del mar Mediterráneo, 49 lugares catalogados como Patrimonio de la Humanidad están en riesgo de destrucción.

Invaluables zonas y monumentos entre los que cabe destacar el sitio arqueológico de Cartago, en Túnez, cuyos edificios datan del siglo II; la ciudad antigua de Dubrovnik, el conjunto episcopal de la Basílica Eufrasiana, en el centro histórico de Porec, del siglo IV, la ciudad medieval de Rodas, en Grecia, o el complejo de cuevas de Gorham del peñón de Gibraltar.

Todos esos sitios, enclavados en el Mediterráneo, son algunos de los ejemplos del impacto del cambio climático que afecta el patrimonio cultural de la humanidad, las identidades que estas edificaciones representan y a las comunidades y economías asociadas.

Este 18 de abril se celebró el “Día Internacional de los Monumentos y Sitios” y, en este contexto, es importante recordar las principales recomendaciones que la UNESCO ha emitido en los últimos años ante los incendios, sequías, tormentas, y otros fenómenos meteorológicos que ponen en riesgo los monumentos y espacios naturales mas valiosos del mundo.

Se prevé desde la elaboración de un Atlas mundial para identificar y evaluar el deterioro del patrimonio natural y edificado, con datos precisos que ayuden a priorizar las acciones de conservación; hasta el desarrollo de políticas públicas inclusivas para la acción climática a través de la cultura para mitigar el calentamiento global.

Además de las recomendaciones institucionales de la UNESCO, hoy es importante reflexionar, desde una visión integral, sobre el cambio climático y la conservación del patrimonio cultural.

Como sociedad, hemos de poner en valor y en uso el patrimonio cultural (natural, edificado e inmaterial), y la arquitectura tiene la capacidad para integrar y conseguir qué barrios, paisajes y tradiciones se incorporen a la modernidad.

Cuando agregamos contenido actual y significado al patrimonio, ayudamos a configurar la identidad de los ciudadanos y reforzamos el sentido de pertenencia, favoreciendo la creatividad, la innovación y fomentando el desarrollo económico.

Estos factores, críticos para la transmisión del legado histórico a las próximas generaciones son, además, un elemento de cohesión social especialmente útil en los momentos posteriores a los desastres naturales, que son cada vez más frecuentes.

Tampoco podemos olvidar que el estudio del patrimonio cultural y su conservación son, en sí mismos, herramientas muy valiosas en la propia lucha contra el cambio climático; ya como repositorio de soluciones sostenibles testadas por el tiempo.

Es importante establecer las alianzas público-privadas y generar instrumentos financieros adecuados que contribuyan a la conservación y reduzcan los riesgos derivados del cambio climático, favoreciendo también la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero.

Un ejemplo de ello, es la ciudad de Paramaribo, en América del Sur. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 2002, el mayor banco privado del país, junto con la fundación encargada de la gestión del centro histórico, respalda proyectos de restauración y gestión sostenible a través de la emisión de acciones que ha hecho posible que empresas inviertan a cambio de un modesto dividendo.

La investigación y la monitorización en tiempo real de los elementos que componen un sitio histórico, el empleo de nuevas tecnologías como la modelación digital, la realidad aumentada o la inteligencia artificial, nos permiten comprender mejor los fenómenos asociados al cambio climático y simular su impacto; pudiendo evaluar los riesgos, medir las amenazas y anticiparnos a los fenómenos meteorológicos destructivos.

Además, se pueden impulsar soluciones que favorezcan la reducción de emisiones, el ahorro energético y permitan la adaptación al cambio de nuestras estructuras históricas.

Por último, el Estado debe impulsar de manera más decisiva, no solo entre los profesionales sino en el conjunto de la sociedad, la educación y concienciación sobre el cambio climático y su efecto en el patrimonio cultural.

La ignorancia de un gobernante autócrata que conlleva a aprobar un decreto para desmantelar el departamento de educación, o para revisar la implicación de Estados Unidos en la UNESCO, es pernicioso para la protección de estructuras y lugares de valor excepcional para el mundo.

Fortalecer la capacidad de las comunidades y gobiernos para prepararse para un clima cambiante, asegura la preservación de estos importantes legados. Desde Michoacán hasta el Mediterráneo. Para la trasmisión de valores de identidad, diversidad y respeto hacia las futuras generaciones.
Feliz “Día Internacional de los Monumentos y Sitios”!

 


*Arquitecta española, cofundadora del estudio Pesquera Diez Arquitectos y experta en conservación del patrimonio arquitectónico y regeneración urbana.

 

 

 

 

*Carlos Ruiz de Chávez, presidente de la Fundación Monumental, dedicada a la conservación, preservación y difusión del patrimonio nacional material e inmaterial.

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