
El peligro no está lejos ni es ajeno. El genocidio brutal que hoy consume a Palestina está en el mismo manual operativo que la alianza anglosionista reserva para México. Despertar o morir: no hay tercera vía.
La advertencia está escrita. En su libro publicado en 1993, “Israel entre las naciones”, Benjamín Netanyahu lo plasmó con claridad: México es para Estados Unidos lo que Palestina a Israel.
El sionismo hoy lo hace verdad, justificando que a los mexicanos se nos trate con el mismo desprecio y sometimiento colonial.

Muchos veían esto lejísimos, creyendo que por ser Gaza o un territorio árabe tan lejano no ocurriría nunca aquí. Pero el principio es exactamente el mismo: el supremacismo racista, el destino manifiesto y la selección divina.
Netanyahu considera que Estados Unidos debe comportarse con México y tratar a los mexicanos tal como ellos se comportan con el pueblo palestino.
Esto es ya es una realidad palpable, una persecución. Es precisamente lo que está haciendo la agencia antinmigración ICE en Estados Unidos —la Gestapo de Donald Trump– con los de casa, tanto documentados como indocumentados.
Persiguen y cazan con saña a seres humanos honestos que simplemente van a trabajar para sostener a sus familias, y contribuyen a la economía local, obligándolos a pagar una mentira en un cartucho de mala muerte.
Creer que esto es un delirio es un error fatal; es un peligro inminente que se cierne sobre toda nuestra América Latina. En nuestra región, el sionismo avanza de forma silenciosa con la cabeza de puente de iglesias y sectas evangélicas fundadas con el respaldo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) por sus siglas en inglés.
Se trata del llamado sionismo cristiano, una contradicción total porque no existe cristianismo real que pueda comulgar con el sionismo opresor y autoritario de Israel.
Estas organizaciones se dedican a una sistemática labor de infiltración y enajenación para respaldar gobiernos impuestos que, a su vez, benefician a Estados Unidos e Israel.
Un país tras otro ha caído en manos de mercenarios entregados a este anglosionismo. Es el caso de Javier Milei en Argentina, un delirante mandatario que trabaja abiertamente para destruir a su propia patria, en contra de su pueblo y en favor de Israel y EUA.
Otro caso escandaloso que ilustra el peligro que ocurre a nuestras puertas es Centroamérica, la infiltración para ganar y el dineral invertido para colocar a otro títere fascistoide de ultraderecha en la presidencia de ese país lo demuestran.
Investigaciones recientes revelan la impunidad imperial en Honduras: la liberación del expresidente y narcotraficante Juan Orlando Hernández juzgado en los tribunales de Trump, fue operada y pagada directamente por Israel, demostrando que operan como una sola entidad.

Estados Unidos e Israel son la misma cosa porque el sionismo es dueño de Washington. Han desangrado, segmentado y dividido a Centroamérica. Ya tienen a Bukele en El Salvador, es otro agente suyo, y siguen colocando caballos de Troya a los que debemos de identificar, evidenciar y denunciar.
Su objetivo final es fragmentar nuestra cultura, minar nuestra unidad, quebrantar nuestra historia y nuestro espíritu, porque fragmentados internamente como sociedad y nación no podremos resistir el embate.
Acceder a la verdad, nunca ocultarla ni autoengañarse, es la condición previa para luchar y poder sobrevivir. Es hora de lanzar la ¡Alerta total a todos!
Si somos condescendientes o sumisos, nos arrasarán sin piedad. Nos espera un futuro igual al de Palestina si les permitimos avanzar de forma descarada.
Esta es una lucha por la subsistencia de nuestra patria. La unidad de los mexicanos es urgente para no ser borrados del mapa. ¡México: lucha o morirá! Y nosotros, todos, lo queremos vivo.