Ernesto Laguardia, ni se despeina en “El tiempo vuela”

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Por Gerardo Martínez Villegas

 

Ernesto Laguardia el primo de Oscar Levin Coppel, aquel joven que nunca fue adolescente y en teoría promesa novel para una quinceañera de los ochentas. Ahora se aprecia un hombre maduro, un adulto mayor, es Laguardia buscando, vía Rafael Perrin y Gerardo Quiroz, consolidar sus deseos actorales.

Mas no puede negar su cuna e historial televisivo. Nos cuenta, no narra y menos actúa en más de noventa minutos un texto con total aplanamiento emocional, no hay matices ni tonalidades actorales, para la intensidad y sufrimiento del personaje, un amante esposo que pierde a su esposa por cáncer de mama, literal ni se despeina.

Al parecer la producción y dirección establecieron que el traje totalmente negro es suficiente para provocar la empatía ante el dolor del personaje. La historia basada en hechos reales, se ciñe a un monólogo, enmarcado en los patrones de la eterna y nunca evolucionada Televisa o bien a un culebrón coreano.

Los motivos de este monólogo dan para ir más allá del llanto simple y demandar atención a la salud femenina y sus impactos familiares y sociales. Termina siendo un llamado a mirar un hecho, y no a la pretensión de este trabajo a hacer consciente que mujeres, hombres, autoridades de Salud, Educación y Hacendaría hagan su labor para disminuir y erradicar, de ser posible, el cáncer de mama. Ah!! para concluir, una precisión al productor, Gerardo Quiroz, el cáncer no se contagia, excepto en el trasplante de órganos o tejidos. Bien por la gratuidad de mastografías derivadas del monto obtenido por la venta del boletaje.

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