“La Perrita de Trump”, el candidato presidencial de la ultraderecha

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La propuesta de la impresentable senadora del PRIAN de postular a Ricardo Salinas Pliego a la presidencia en 2030 exhibe la escandalosa crisis de la oposición y raya en la más absoluta inmoralidad institucional.

Lanzar a este magnate a la boleta electoral desafía deliberadamente la memoria colectiva de millones de mexicanos que conocen su trayectoria de transas, corrupción, sumisión y abusos.

El empresario acumula un historial negro de litigios fiscales y la elusión sistemática de sus multimillonarias obligaciones tributarias con el erario.

Su turbio prontuario internacional incluye su inmoral paso por los expedientes de la tristemente célebre lista del depredador sexual Jeffrey Epstein.

También registra largas horas de antesala y cenas millonarias pagadas para codearse con Donald Trump en las altas esferas del poder extranjero.

A la gente no se le olvida que, durante uno de los partidos mundialistas del TRI en las afueras del Estadio Azteca —hoy Ciudad de México— la picardía popular bautizó con justa razón al personaje como “la perrita de Trump”. Un mote lapidario que le quedó justo a la medida y del cual jamás podrá liberarse.

Sus pleitos y disputas legales en tribunales de Estados Unidos y Gran Bretaña reflejan su visión ferozmente patrimonialista del poder político y económico.

Heredero ideológico de una estirpe familiar cuyo padre mantuvo oscuras alianzas con la CIA y con los círculos de la ultraderecha estadounidense, el dueño de Elektra busca alinear sumisamente al país con agendas extranjeras ajenas a la soberanía nacional.

Su meta, todos los mexicanos lo sabemos, es no pagar impuestos y subordinar los destinos de la nación a las corporaciones financieras globales que dictan dogmas sin el menor recato republicano.

El magnate adquirió las frecuencias de TV Azteca mediante un préstamo milagroso otorgado por Raúl Salinas de Gortari, hermano de Carlos Sainas, uno de los presidentes más repudiados por los mexicanos, entonces mandamás de Los Pinos.

Años después, con la voracidad del hampa corporativa, despojó a Javier Moreno Valle, concesionario y propietario original de CNI Canal 40, arrebatándole la señal mediante un litigio faccioso.

Otro de sus múltiples atracos a la legalidad ocurrido ante la absoluta complicidad de un régimen prianista que se cruzó de brazos y dejó hacer.

Desde entonces, utiliza sin recato las concesiones mediáticas del Estado para alabar, encumbrar o golpear políticos, esto último lo ha hecho indiscriminadamente –inventar toda clase de calumnias— para golpear a la llamada Cuarta Transformación con descaro, el primer régimen que le cobra los miles de millones de impuestos que adeuda al fisco.

Para intentar maquillar este perfil del clásico hampón de cuello blanco, Salinas y la oligarquía han recurrido a laboratorios internacionales de guerra sucia digital y manipulación algorítmica.

Tras la estrepitosa caída y detención en Bolivia de Fernando Cerimedo —operador de la ultraderecha continental y socio en el pasquín digital La Derecha Diario—, de inmediato se desplomó el castillo de naipes digital que sostenía artificialmente la imagen del empresario.

Esa red forma parte de una estructura internacional de desestabilización y golpeteo ideológico que opera en toda América Latina para fabricar tendencias, inflar liderazgos ficticios y derrocar gobiernos populares.

Todo este andamiaje de mentiras se conecta directamente con la red de influencia de la cadena Atlas Network, que dirige un primo de Ricardo Salinos, una red de medios digitales estrechamente ligada a la trinchera perfecta para engañar despistados.

Apostar por un evasor fiscal vinculado a élites globales y redes golpistas desnuda la bancarrota moral de una ultraderecha opositora sin proyecto de nación y carente de liderazgos.

La sociedad mexicana ya maduró y hoy identifica con total claridad a los verdaderos depredadores que acechan a la patria.

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