COLUMNA INVITADA
Por: Carlos de la Peña Jiménez O Farrill, presidente de la Asociación Ciudadano Comprometido por Metepc
Metepec tiene récords Guinness, una tradición alfarera reconocida internacionalmente y una identidad cultural milenaria, lo que no tiene hoy es un gobierno capaz de estar a la altura de esa grandeza. La prueba quedó expuesta el pasado 5 de octubre, Día Nacional de los Pueblos Mágicos.
No hubo fiesta, ni reconocimiento oficial, ni un mínimo impulso para estimular los atractivos que lo convierten en un Pueblo Mágico, la ausencia pudo parecer menor, pero en realidad reveló un problema más profundo: la desconexión entre un gobierno y el patrimonio que tiene la responsabilidad de proteger.
Metepec destaca como un refugio de historia, tradición y belleza incomparable, su patrimonio arquitectónico impresiona a primera vista, con magníficos templos del neoclásico, testigos de nuestra historia, entre ellos joyas como la emblemática Iglesia del Calvario.
Ahí resplandece la llamada capital mundial del barro, sede del Árbol de la Vida más alto del mundo que ostenta el récord Guinness: una obra de arte que supera los 9 metros de altura y pesa 11.8 toneladas, elaborada por manos de artistas que heredan su oficio de generación en generación.
La recompensa al llegar a la cima es una vista panorámica inigualable, complementada con su valiosa área ambiental protegida que resguarda el equilibrio ecológico del municipio.
Sin embargo, toda esa magia choca de forma dolorosa con la realidad impuesta por sus gobernantes. Las zonas periféricas sufren un profundo abandono urbano: falta de alumbrado, calles intransitables, sin bachear, anegadas y algunas sin pavimentar.
Mientras la riqueza cultural e histórica exige atención, la autoridad municipal muestra absoluta insensibilidad y clasismo, al darle la espalda por completo a las clases populares.
Una ceguera social que provoca consecuencias graves: deterioro de la infraestructura urbana, insalubridad y agudiza la inseguridad.
A este paso, por culpa de la omisión y la ineptitud institucional, Metepec corre riesgo real de perder la denominación de Pueblo Mágico, otorgada apenas en 2012.
Las reglas del programa son estrictas y exigen condiciones claras: limpieza absoluta, preservación impecable de los sitios catalogados, defensa de la tradición alfarera y, sobre todo, garantía de seguridad para el turismo y sus habitantes.
Las ciudades también son definidas por aquello que abandonan. Y en Metepec, olvidar el día que le da sentido a su identidad. Algo imperdonable.
Las ausencias comienzan a ser demasiado evidentes: de atención, de mantenimiento, sanitarias, de servicios básicos, de seguridad (con más de la mitad de la población sintiéndose insegura en sus propias calles) y, sobre todo, de una visión pública capaz de estar a la altura de los metepequenses.
La magia sigue ahí, resguardada por sus artesanos, sus tradiciones y su gente. Lo que hoy está en riesgo no es el patrimonio de Metepec, sino la pérdida de nuestra denominación como pueblo mágico y de nuestra identidad.
