Razón, tesón y corazón: “Ser feliz… ¡no es un desliz!”

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Por Alejandro Ruiz Robles

  

¡CUANTA SABIDURÍA!

Para muchas personas, en especial, las que he tenido oportunidad de conocer, entender y estimar, la felicidad es la meta que cualquier humano tiene en esta vida; siendo el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad y muchos más razones y valores los elementos básicos para lograrlo.

Ya sean por demás inteligentes o bien, pasionales, sin que esto necesariamente se contraponga, siempre me han dicho que ellos han venido a esta vida a ser felices y cualquier adicional será un aderezo de ello.

Si bien esto parece sumamente sencillo y para muchos pudiera ser absurdo; honestamente y conforme vamos creciendo, madurando y llenándonos de experiencias, logros y sinsabores, nos damos cuenta lo acertado de tal premisa.

Realmente, si no venimos a ser felices a esta vida … ¿a qué vendríamos?

 

LA META ANHELADA.

La felicidad es la meta de todos; sin embargo, cuando preguntamos a quienes nos rodean que es la felicidad, resulta que un concepto que podría ser absoluto resulta tan relativo en función de los ánimos, caprichos, ideas o simplemente, consideraciones que tengan quienes respondan.

Hay quienes consideran que el dinero lo es todo y como pueden, empiezan a acumular o pretenden hacerlo para allegarse de los recursos económicos necesarios que sacien sus deseos. Al final y por mucho que consigan, resulta que siguen sin alcanzar su meta.

Los que atienden al amor y se empeñan en lograrlo, no se dan cuenta que éste es cuando menos de dos y, por ende, si la otra persona no comparte esta misión es seguro que no habrá los acuerdos suficientes para llegar a ella.

Y dado la complejidad del ser humano, será difícil encontrar a alguien que logre la total armonía entre sus pretensiones y sus logros; no obstante, quizás sea parte de nuestra naturaleza. De hecho, basta recordar que para Aristóteles: “Cada persona posee el secreto de su propia felicidad”.

Y ante ello, tú … ¿sabes la manera de ser feliz?

 

¡ASÍ DE SIMPLES!

Y ante tantas variedades y combinaciones, lo que si es seguro es que nunca nos pondremos de acuerdo en un fin común ni un camino único para lograrlo.

No es cuestión de aritmética, ni de ciencia exacta, sólo es cuestión de alinear nuestra inteligencia, tanto racional como emocional, para así llenar nuestra esencia.

A mayor referencia, si lo verdaderamente importante es tener alegría en el corazón para disfrutar cada día, pareciera que cualquier otra consideración o pretensión sería una complejidad innecesaria. Es decir, está demás llenar nuestra vida de complicaciones y mejor, atender a las simplificaciones.

Nunca es lógico entender la razón por la que nosotros solos complicamos nuestros caminos; es verdad, todos tenemos intereses distintos pero un común denominador, no necesitamos de nadie para complicarnos la vida.

Alguna vez te has preguntados … ¿qué tanto tú solo te complicas la vida?

 

CON PERMISO … ¡Y SIN PERMISO!

Como personas, es común que siempre tengamos miedo de intentar hacer cosas distintas o cuando menos, que salgan de nuestros hábitos o desafíen a nuestra rutina.

Tal pareciera que es una constante en nuestro actuar buscar la conformidad o cuando menos, la empatía de alguien con lo que vamos a hacer; es decir, realmente necesitamos sentirnos no sólo aceptados nosotros sino autorizados por otros, sean o no de nuestro círculo cercano, para atrevernos a hacer cosas que nos interesan o que sentimos que son interesantes.

Y lo curioso de esto, es que en el fondo y con la mayor honestidad, realmente a los demás les parecera intrascendente participar en nuestra pretensión y mucho menos aún, hacer algo por nuestro deseo.

Si esto es lo que ocurre … ¿para qué realmente buscamos la conformidad de otros para legitimarnos a nosotros mismos?

¿Miedo?, ¿inseguridad?, ¿baja estima?, ¿la suma de todos ellos?, ¿o puede haber más razones?

Si a este mundo venimos solos, en términos generales, que caso tiene depender de otros para actuar. Es entendible que, a cierta edad, nuestros padres, maestros, jefes o adultos tuvieran el poder de aprobar o censurar nuestras acciones … pero …. ¿no les parece que, al ser responsables de nuestras vidas, tenemos los elementos suficientes y necesarios para decidir por nosotros mismos?

¿Eres de las personas que permiten que otros te permitan vivir de acuerdo con tus intereses?

 

SI DIOS CONMIGO … ¿QUIÉN CONTRA MÍ?

Frase por demás fuerte que realmente nos hace sentir la fe y la fortaleza suficientes para ser invulnerables a todo tipo de situaciones; difícil encontrar vicisitudes que no podamos enfrentar y superar con tal convicción y compañía; sin embargo, resulta que la primera persona que vulnera ese sentir es uno mismo.

Ya sea por nuestra forma de ser, actuar o simplemente, por confiarnos en un designio divino, pasamos a no ser lo suficientemente adecuados para alcanzar las metas propuestas aún a pesar de la compañía divina.

Está de más comentar que nuestras fallas y derrotas siempre encuentran un común denominador … nosotros; y no hay a quien culpar más que a nosotros. Pretender hacer responsable a nuestra bienaventurada compañía es sólo una evasión, un simple escape a asumir responsabilidad por los yerros.

Si Dios o la deidad en la que creas está contigo, ten la seguridad que es porque le importas y desea tu felicidad; no existe ninguna religión que señale lo contrario, razón por la cual, no te equivoques al escoger tu propio camino.

En este contexto, tanto en tus momentos más gloriosos como los más dolorosos … ¿agradeces con fe a tu compañero celestial su compañía?

 

“¡ELIJO SER FELIZ!”

Si a cada paso que doy en la vida tengo la posibilidad de hacerlo esbozando una sonrisa, gesticulando de manera adusta o mostrando una mueca … ¿por qué te decides?

No falta quien diga que sonreír todo el tiempo es digno de un comediante o mostrando seriedad será una forma como la gente te respete y en ellos estará justificar o no sus acciones; sin embargo, si la vida es tan corta y nosotros destinamos aproximadamente el sesenta por ciento de nuestras vidas a actuar para satisfacer nuestras necesidades afectivas, sociales, económicas, etcétera, … ¿por qué no comprometernos con la alegría y hacerla una constante en nuestro rostro y actos?; total, si queremos ser serios, para eso tendremos bastante tiempo al dormir.

Una sonrisa inspira a otros a responderla, vibras positivas se atraen, compartir nuestra alegría hace que la gente se sienta cómoda, considerar a los demás de la manera que nos gusta ser considerados crea empatía; en fin, si ser feliz es algo que nace en nuestra esencia y lo compartimos con vehemencia porque así lo decimos … ¿quién se sentirá incómodo a nuestro lado?; de hecho, ¿no crees que, si tú irradias luz, el reflejo en los otros te llenen a ti también?

¿Qué hay de malo en decidir ser feliz y vivir con ello?, si esto es una locura … ¡BENDITA LOCURA!

Yo vine a este mundo a ser feliz … ¿Y TÚ?

 

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Posdata:      Agradezco al Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales haberme otorgado el registro de estándar para “Intervención para la Solución de Conflictos”.

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