Por: Fernando Rubio
Tras 20 largos años de debates, desencuentros y disputas infructuosas, finalmente se ha prohibido la violencia en las corridas de toros en la Ciudad de México.
La primera luz en medio de lo que parecía una discusión interminable entre organizaciones protectoras de animales y defensores de la llamada fiesta brava la encendió la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
En su conferencia matutina del lunes pasado, se pronunció a favor de erradicar la violencia del espectáculo taurino, aunque no dio detalles.
Tres días después, el jueves, Clara Brugada formuló la histórica propuesta definitiva, tras asegurar el consenso con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso capitalino.
La mandataria resumió en siete puntos la esencia de la iniciativa presentada por su gobierno al Poder Legislativo local:
1. Se prohíben las corridas de toros con violencia.
2. Se crea la figura jurídica de “espectáculo taurino libre de violencia”, que permitirá la continuidad de actividades en la Plaza de Toros.
3. Se prohíbe la muerte del toro dentro y fuera de la plaza; el animal deberá ser devuelto a su ganadería al concluir el espectáculo.
4. Se prohíbe cualquier forma de maltrato dentro y fuera del evento.
5. Se prohíbe el uso de objetos punzantes que provoquen heridas, lesiones o la muerte del toro, como banderillas, espadas y lanzas. Solo se autoriza el uso del capote y la muleta.
6. Se protegerán los cuernos del toro para evitar daños a otros animales o personas.
7. Se limitará el tiempo de la corrida a 10 minutos por toro, con un máximo de 30 minutos en total.
En síntesis, la propuesta hace justicia a la parte más vulnerable de la tauromaquia: el toro.
Además, se ajusta al mandato de las constituciones federal y local, que ya reconocían a los animales como seres sintientes y prohíben cualquier acto de crueldad en su contra.
Es relevante destacar que no se trató de una imposición arbitraria de la autoridad, sino de una decisión ciudadana respaldada por la mayoría de los 27 mil capitalinos que se pronunciaron a favor de esta iniciativa preferente.
Debemos reconocer que esta es una decisión sin precedentes en la historia nacional, ya que también respeta el derecho constitucional al trabajo. No hay que olvidar que la llamada fiesta brava genera alrededor de 40 mil empleos directos y unos 100 mil indirectos.
Con la reforma, los trabajadores continuarán con sus labores bajo una nueva reglamentación.
Esta misma semana –podría ser al tiempo que se publica esta opinión– se prevé que el Pleno del Congreso local apruebe por unanimidad la reforma para erradicar la crueldad animal en la Plaza de Toros México, la más grande del mundo, con una capacidad para casi 42 mil personas.
Se trata de un espacio monumental cuya edificación data de 1946, es decir, con casi 80 años de existencia. Este recinto seguirá albergando distintos espectáculos públicos, pero sin derramamiento de sangre en la arena.
Todo en la vida es susceptible de progreso, transformación y evolución permanente para mejorar las condiciones de existencia de la sociedad, particularmente las normas y leyes que rigen nuestra vida comunitaria.
Hoy, las manifestaciones artístico-culturales no pueden estar vinculadas a la crueldad, el sufrimiento y la violencia. Es inadmisible que corra sangre de un ser sintiente para generar “diversión y sano esparcimiento”.
Con el nuevo modelo de corridas taurinas propuesto por la jefa de gobierno, Clara Brugada, avanzamos hacia una sociedad más ética que antepone los derechos de los seres sintientes.
Tocará a la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) entre otras instancias, vigilar que se cumpla a cabalidad la nueva reglamentación derivada de esta reforma taurina.
¡Bienvenido el espectáculo taurino sin violencia!